Malas Prácticas

Las malas prácticas electorales aluden a todos aquellos actos, omisiones, estrategias y conductas —no siempre tipificadas como delito o causal de nulidad— que distorsionan la equidad, transparencia y legalidad de la competencia electoral. Incluyen, pero no se limitan a, el clientelismo, la coacción o compra de voto, el acarreo, el uso de encuestas engañosas, manipulación de tiempos oficiales, propaganda difamatoria, desinformación, entre otros.