La integridad electoral constituye el estándar ideal y multidimensional según el cual todos los procedimientos, actores, instituciones y reglas del sistema democrático deben ser organizados y aplicados, garantizando que los resultados reflejen la genuina voluntad del electorado. Su aceptación internacional proviene de esfuerzos conjuntos de organismos internacionales, quienes promueven estándares rigurosos para prevenir y sancionar prácticas de manipulación, fraude, corrupción y coacción.
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